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jueves, diciembre 13, 2012

Un cuentito

«…Se cuenta que un emperador de China hizo llamar a su pintor de corte y le pidió que hiciera una pintura de un pez para los aposentos reales. El pintor manifestó su acatamiento a la voluntad de su señor y se fue para emprender su tarea.

Pasaron los días y después las semanas. El emperador mandó un mensajero al estudio del pintor para que averiguara qué sucedía. El mensajero volvió con el informe de que la pintura no estaba a punto.

Los meses se sucedían. Cada enviado al pintor era despachado rápidamente con la misma información: Que la pintura todavía no estaba acabada.


Cuando ya había pasado un año, el emperador no pudo contener más su impaciencia e irrumpió él mismo en el estudio del pintor. El pintor estaba sentado, tranquilo y aparentemente bien a gusto. El emperador estaba furioso. «¿Dónde está mi pintura?», gritó. El pintor se inclinó en silencio, atrajo hacia sí una gran hoja de papel, colocó un juego de colores en tarros delante, cogió un gran pincel, y en sólo dos minutos, ejecutó la más maravillosa sinuosa imagen de un pez que resplandecía en límpidas aguas.

El emperador apenas podía reprimir su rabia: «Si es tan fácil, ¿por qué he tenido que esperar tanto?» sin romper su silencio, el pintor se fue a la parte de atrás de su estudio donde había una gran alcoba con puertas que iban desde el suelo hasta el techo. Abrió las puertas y se derrumbaron por el suelo miles de pinturas del pez…»

-John Laing y David Wire en Enciclopedia de Signos y Símbolos. Ed. Gustavo Gili.

jueves, febrero 18, 2010

Un cuento

Casi nadie sabe que estoy tratando de escribir...
Le haré caso a Irma, y pasaré varias cosas de este lado:

bueno, les paso la primicia en este su honorable blog:


Adiós Mamita.

Nunca pensé que luciera así el camino. Atrás dejo a todas las descripciones fantásticas y cinematográficas. Muy lejos quedan las viejas consejas y las historias que mi abuela contaba.

Ayer mi madre me visitó por última vez, y aunque yo cerraba los ojos y no contestaba a sus palabras cuando llegaba, escuché con atención (siempre lo hice) lo que me dijo: Mijito, no te preocupes por nosotros, no te preocupes por mi nieto, todos vamos a estar bien. Marcela no pudo venir, pero dijo que más tarde venía a despedirse.

Yo no pensaba esperarla más. Ni a ella, ni a nadie. Es muy doloroso. Duele que no te dejen ir. Que te mantengan atado a sus propios remordimientos y tristezas. Agradecí en silencio el momento íntimo entre mi madre y yo. No hubo lágrimas, eso también lo agradecí. Te quiero mucho, mamita.

Pensé que luciría menos ordinaria esta ruta. Bueno, a ver con que me topo allá adelante.

 
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