martes, enero 02, 2007

Año Nuevo, ¿Vida Nueva?

Pues no sé realmente y no me quiero poner filosófico, porque no me embona ser tan clavado en esos rollos... O aún no tanto...

Ahí les va.

Resulta que este fin de año estaba en casa de mi familia con mis hijos para pasar el fin de año, como cada año desde hace mucho. Conseguí algunos cohetes y me dio mucho gusto recibir a mis primos, tíos y tías. Se que los detalles familiares dan hueva, así que hasta ahí dejo eso.

Estábamos afuera, a las 12:20 aproximadamente, tronando cohetes. Encendí un cigarro. Bueno, varios. Para que mis hijos y mis sobrinos pudieran encender sus cohetes en él. Ya nos habíamos dado todos el abrazo y la fiesta marchaba como años anteriores, buen ambiente, familiares que no veía desde hace mucho y mis hijos felices de ver los fuegos artificiales. Me la estaba pasando bien. Todos estábamos bien. El año nuevo no es para mí más que una buena fiesta más familiar o más divertida que otras, es padre, pero pues año nuevo puede ser cada día, puede ser mañana o el siguiente mes.

En fin, es una buena época. Algunas cosas terminan otras inician. Algunas coinciden con la cuenta del gregoriano, otras no. Las fiestas y los abrazos si los valoro, los buenos deseos, la vibra chida también. Y este fin de año no iba a ser la excepción.

Me equivoqué. Bastante...

De pronto sentí un golpe en la cabeza, detrás de la oreja. Un golpe como nunca lo había sentido. ¿un tubazo? ¿alguien me estampó una piedra o ladrillo? El dolor era increíble. Las rodillas se me doblaron. El hombro derecho también empezó a doler. Mucho. Caí al piso. No perdí el conocimiento, pero casi. El dolor era insoportable, empecé a sangrar detrás de la oreja derecha... Ahora que lo veo escrito con palabras no me parece tanto y quisiera que existiera otra manera de explicarlo y que lo entendieran. Es un dolor físico que no había imaginado siquiera.
















Hospital. Suturas. Curación del hombro derecho... Un miedo espantoso que me hizo llorar (principalmente por mis hijos, al recordar que estaban afuera conmigo) y un sentimiento de enojo, tristeza y sobre todo una impotencia que no había experimentado antes. ¿qué fué? ¿qué me había pasado? Cerca encontraron una lámina de fierro cuadrada de unos 5 x 6 cms, por lo que pensamos que había sido un petardo. Pero hubo detonaciones de esa intensidad cerca de nosotros...

Fue una Bala Perdida.

De esas que todos oímos nombrar, pero que difícilmente hemos experimentado o conocido de primera mano. Una bala que algún güey en medio de una peda de fin de año disparó porque andaba hasta la madre de alcohol, o por lucirse como machito delante de alguien, o por defenderse de alguien, o por andar feliz bailando con su jaina o simplemente porque es costumbre en su rancho y le dio su gana hacerlo. Porque podía, dirán algunos. Pues por eso.






















Por la razón que sea, esa bala (9 mm por cierto, de uso exclusivo para el ejército es una pinche balota) salió de una matona que no vi, ni temí, ni espero nunca en mi vida ver.














(Igual y salió de un bebé como este de arriba)

El madrazo fue el más fuerte que he sentido, neta, en toda mi vida. Y el sentimiento fue peor. ¿O debo decir la mezcla de sentimientos? Eso.

Dolor, tristeza, impotencia, pena, miedo (uno muy grande), ira, temor, urgencia, alarma, agravio, coraje, vulnerabilidad.

Ahora, sin ponerme muy filosófico, sí me han dicho varias personas que de haber estado colocado unos 5 cms más para un lado pues el plomo me abre un boquete en el cráneo. Obvio, si he estado a 10 metros de ahí pues no me hace nada, pero... ¿y si estuviera ahí mi hijo? ¿mi sobrinita de 6 años? ¿mi mamá?

Otros dicen que no fue mala suerte, sino que fue buena, de las mejores. Que "no me tocaba". Puede ser. Otros más me han salido con la frase esa salva-situaciones-incomprensibles: "Las cosas pasan por algo".

Cualquiera que sea la situación, el asunto es que si sentí greña. Y gacho. Como nunca antes.

Repito, no es que me ponga muy filosófico, neta. Incluso mi primer sentimiento, impulso fue el de pensar "chale, ¡que poca madre! para cerrar el año con broche de oro" (una serie de sucesos medio pinches que han pasado) pero ahora pienso que me fue bien. Por lo menos puedo contarlo a mis amigos y a mis queridos tres lectores de este blog. Y aquí seguiremos. Un buen rato, por lo menos. Espero.

El próximo lunes tengo cita con el doc para que me retire los puntos de sutura y revise la herida de la cabeza y la del hombro. Fue un rozón a fin de cuentas. En las placas que me sacaron no aparecen esquirlas ni fragmentos. Mi familia se puso a revisar la banqueta donde me caí; y se encontraron ahí la bala que ven en la foto.

Otra oportunidad? tal vez. Una señal? no lo creía ayer mismo y aún hoy me resisto a creerlo. Pero debo reconocer que tampoco estoy preparado para la muerte, aunque cuente con seguros de vida y servicios funerarios. De hecho para lo que me siento preparado es para la vida. Y la vivo diario (según creo yo) como si este día fuera el último. Así soy. Que le vamos a hacer, pero sí pienso que hay de suertes a suertes y la mía tal vez si fue buena.



Muy buena.

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